28.01.2007
Sus alumnos, legión, aseguran que es uno de los pocos sabios vivos que
honran el mundo de las ideas. Su admirado Pitágoras dijo: “Educad a los
niños y no será necesario castigar a los hombres”. Él critica la
política cultural “volcada hacia el memorismo y el huero saber,
descuidando la imaginación”
ROBERTO QUMATA
El profesor Lois, tras recibir el Premio Montero Ríos. A su lado, una gran mujer, Carmucha Puente Araujo
Jaime
Guaps, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Madrid,
escribe el 13 de septiembre de 1955 al profesor José Lois Estévez pasa
aconsejarle o despistarle: "De todos modos, no he rectificado mi
posición de que no es en la limitada y modesta jaula del procesalismo
donde tiene usted que encontrar el aire necesario para batir sus alas.
La Capilla Sixtina no puede pintarse en la parroquia de un pueblo".
La
hermenéutica viene a ser la capacidad –incluso un arte en caso de
pretender desentrañar a Guasp– de interpretar los textos más complejos.
Cierto que Lois es de pueblo (Ponte Caldelas,
1922), que no podrá cruzar el Rubicón de la cátedra hasta los 58 años,
pero no se puede negar a quién tiene el ectoplasma de los elegidos –por
muy de pueblo que sea– el propósito y aun la convicción de pintar la
Capilla Sixtina.
El tiempo va a demostrar que lo
que pretenden los miembros más conspicuos de la Universidad es alejar a
Lois de España. La Universidad Central de Venezuela le espera con los
brazos abiertos y un contrato en blanco. La precariedad del profesor,
de su esposa Carmucha y de los seis hijos del matrimonio toca a su fin.
Carl Schmitt, Norberto Bobbio, Carlos Cossio le respetan y admiran.
Ésta es la historia de una ignominia.
A los 16
años ya dirige la Academia de Declamación y Oratoria del colegio
Santiago Apóstol (Vigo) de los Padres Jesuitas. Durante los años
intolerantes de la República con la compañía, estudia en Curía
(Portugal) junto a Gonzalo Fernández de la Mora, ministro de los
accesos a Galicia y autor del Crepúsculo de las ideologías.
Hijo
y nieto de abogados, en 1940 cursa un año de Derecho en Santiago y, los
cuatro restantes, por libre, se los engulle en tres. Licenciado en
1943, López Rodó le designa profesor auxiliar de Procesal y encargado
de cátedra en 1946.
Teoría del fraude en el proceso civil le abre
las puertas del doctorado en 1947; en 1953 es nombrado encargado de la
Cátedra de Economía y Hacienda Pública y, en 1964, de Derecho Natural y
Filosofía del Derecho. Por O. M. de 29 de enero de 1964, adjunto
Honorario de la Facultad de Derecho, trámite que duerme en un cajón
desde 1951.
Alberto Varela Grandal, correspondiente
de honor de la Academia Gallega de Jurisprudencia y ex alumno de José
Lois recuerda con precisión que estas irregularidades "se debían a los
problemas que suscitaba el profesor, discutía con los catedráticos y
los rebatía". )
La leyenda de Lois permanece
fresca en la memoria de generaciones de alumnos cuarenta años después,
fenómeno inusual. Otro catedrático extraordinario como él, Gregorio
Marañón, dice que "nadie más muerto que el olvidado".
Un
imitador del profesor, en uso fricativo pronunciado de la zeta, la ese
y la efe, asegura que, en las clases de Romano, "Lois cubría las
ausencias de su cuñado, don Álvaro D´Ors. Y Lois, que sabía
absolutamente de todo, nos decía en clase, un poco de broma,¡ qué va,
si Alvarito no tiene idea de Romano!"
Lo cierto,
empero, es que considera a su cuñado como "el más reputado romanista
del mundo", y en el Nuevo, América, puede hacer mucho dada su condición
de demiurgo y poeta, según su amado Rubén Darío.
Previo
permiso del Ministerio de Educación, en 1967 se incorpora como profesor
titular a la Universidad de Venezuela con tres razones por maletas.
La
primera, porque Lois tiene en la América de habla hispana, sin ser
catedrático, la notoriedad de Antonio Hernández Gil o de José Antonio
Maravall, que sí lo son, a menudo invitados los tres a cursos,
seminarios y presentación de libros. El esfuerzo de Lois por respaldar
la ciencia jurídica con la logística y la matemática es en 1956, según
Carlos Cossio, presidente del Instituto Argentino de Filosofía Jurídica
y apartado de su cátedra por los militares, "la teoría de más alta
calidad que ha escrito un autor español contemporáneo".
La
segunda, por motivos de supervivencia. María del Carmen Puente Araujo,
Carmucha, es el aliento permanente de una casa de ocho en alquiler, Rúa
do Vilar, que no acaba de cuadrar las cuentas con el sueldo de un
profesor auxiliar. En tal caso, Carmucha es Justiniano por legitimidad,
gobierno y humildad, detrás siempre del gran hombre: Lois que, por sus
virtudes de jurista, encarna a Treboniano.
La
tercera, sobrevenida por la dictadura. Lois es un docente molesto que
"jamás cambió su libertad por un plato de lentejas", asegura un notario
que prefiere el anonimato, y que sufre el espionaje de sus
conversaciones telefónicas. Dos matriculados, policías de paisano,
toman nota de lo que dice y sostiene en clase: "Lo que le place al
Príncipe (al Poder) no es Derecho. La arbitrariedad (Hitler) nunca
podrá ser Derecho". Los votos no son los garantes de la democracia.
El
11 de febrero de 1966, Alberto Varela Grandal recibe carta del
subsecretario del Ministerio de Información y Turismo, Pío Cabanillas:
"Apoyaré la solicitud con respecto a la petición relacionada con don
José Lois".
El secretario general de Sanidad,
José Manuel Romay Beccaría (30-11-65), remite a Grandal su "firme
adhesión" a la solicitud "perfectamente justificada, que no supondría
más que el reconocimiento por parte de nuestras autoridades académicas
del prestigio alcanzado por el profesor Lois en los medios científicos
nacionales e internacionales".
Fernández de la
Mora (31-11-65) asegura a Grandal que "firmaré gustosísimo una carta
dirigida al ministro de Educación pidiendo el nombramiento de don José
Lois Estévez como catedrático extraordinario".
Florencio
Valenciano, letrado del Consejo de Estado (4-12-65), cree que la
iniciativa "tendría la más favorable acogida entre los alumnos del
profesor Lois, que son legión, y en los ámbitos intelectuales".
Los
catedráticos Pascual Marín, Carlos Paris, Aurelio Guaita, Gullón
Ballesteros, el presidente del Supremo o los 25 juristas argentinos que
firman la petición dirigida al ministro Manuel Lora Tamayo destacan que
"los libros del profesor Lois honran la jerarquía académica de
cualquier claustro universitario del mundo, por sus análisis
filosóficos, su crítica jurídica y su dominio de la información
fundamental".
Manuel Escudero del Corral,
presidente de la Audiencia Provincial de Ávila, va más allá. "Bien
sabes que la mentalidad de muchos hombres (en alusión a la Universidad)
se apoya en el desastroso ingrediente de la envidia (...) Tenía
noticias de la tremenda agresividad psicopática que el tal catedrático
(Elías de Tejada) manifiesta en su vida, pero resulta de difícil
comprensión que un hombre que carece de serenidad pueda ser designado
para juzgar unas oposiciones".
Varela Grandal,
que recibe parte de esta correspondencia, obtiene el sobresaliente cum
laude y premio extraordinario por la tesis que dirige su profesor, José
Lois. Forma parte de la comisión que lidera otro alumno de Lois,
Terceiro Lomba.
"La comisión luchó por reparar
una situación ignominiosa con Pepe Lois, pero sus ímpetus decayeron
cuando se fue a Venezuela (...) José Manuel Piñeiro, que es compañero
de nuestro bufete, fue el personaje clave que asistió a Lois en
momentos de profunda decepción. Volvieron juntos en tren a Galicia".
Lois
se presenta, por segunda vez, a las oposiciones a cátedra de Filosofía
del Derecho, cuyo tribunal preside Antonio Hernández Gil (presidente de
las Cortes, del Tribunal Supremo y del Poder Judicial) y es tan
brillante en la expresión, apelación y representación, que éste no
tiene empacho en dirigirse al público y decir que tiene comprometido su
voto con Antonio Fernández Galiano, pero que desde ese mismo momento
hará todo lo posible para crear la cátedra de Epistemología a medida de
Lois. "Fue cuando José Manuel Piñeiro presionó de tal forma a Hernández
Gil que le arrancó el compromiso ".
Galiano, con
el poder a su alcance: secretario general de la Complutense y senador
de UCD, retrasa el expediente de Lois hasta que la configuración del
tribunal le favorece. No es un mastuerzo, al contrario, domina la
filosofía de los griegos y es un brillante escolástico, pero Lois le
supera. Pese a todo, Galiano se lleva la cátedra de Filosofía del
Derecho. Entre Hernández Gil y Fernández Galiano, Lois vuelve a ser el
tercer hombre. "La Universidad, en general", precisa Terceiro, ‘‘tiene
a Lois por un personaje fuera de serie", pero la envidia y la
mediocridad consiguen arrinconarle. "Decían que eran loisadas, no era
fácil entender sus experimentos con el telescopio, aplicar las
matemáticas al Derecho. De Lois se decía que era brillante, pero que
sus teorías no se podían aplicar al positivismo del Derecho".
"Lo
que pocos sabían, ya fueran seguidores o detractores, es que Lois
hablaba con profesores hindúes y paquistaníes en sánscrito", asegura el
Terceiro. Y en alemán con Carl Schmitt, en cuya doctrina se funda el
nacionalsocialismo; en italiano con Norberto Bobbio, antifascista y
teórico del pensamiento político de posguerra, o con Cossio, el jurista
más "alborozado" por las ideas del profesor.
La
leyenda, según sus allegados, es apócrifa . El tribunal que le juzga
reclama diligencia: "Céntrese, vaya al grano". A lo que Lois responde:
"Ustedes no tienen categoría para examinarme", y se va.
"Lois
critica, en el sentido constructivo de la expresión, contraponiendo
ideas, tesis de quienes eran ya catedráticos. Y es cierto que esas
críticas no siempre sentaban bien; el maestro español no está
acostumbrado a que le lleven la contraria".
El ojo crítico, 182
artículos de gran calado jurídico publicados por EL CORREO, da origen a
la web del profesor, "ahora profusamente visitada por estudiosos de sus
ideas", señala Horacio García, técnico del Instituto Galego de
Estatística y autor de la misma.
Valentín Paz
Andrade le felicita por "sus valientes declaraciones" en 1962 a La
Noche. Sólo él es capaz de decir y sostener que "vivimos literalmente
por concesión administrativa" o poner a caldo la "apostasía cultural de
los iconoclastas que se atreven a llamarse progresistas". Fuentes
Quintana, desde el CSIC, en 1963, le invita a publicar sus
investigaciones económicas. Lois es un matemático en potencia. Estudia
a Russell, y el astrónomo y cura Aller pone en sus manos un libro
fundamental de Borel: Nuevas teorías físicas. Lois frecuenta el
Observatorio de Lalín para mirar por el telescopio y formular preguntas
inteligentes.
Al cabo de un tiempo, don Ramón
María Aller Ulla tiene como único alumno de Astronomía en la USC a José
Lois durante dos cursos. Jurista, filósofo, procesalista, romanista,
civilista, humanista, el profesor queda marcado por dos científicos
ajenos a su facultad: el físico Tomás Batuecas y el químico Ignacio
Ribas Marqués.
La paz de Sanxenxo a la búsqueda
de petroglifos en compañía de su padre, Bouza Brey y Moralejo Lasso,
abren su alma a la poesía, pero serán las matemáticas, ciencia exacta,
las que pondrán en su sitio a la ignorancia y en otro, a la ciencia.
"Será la derrota de los pedantes".
Bien, ¿y cuál es la doctrina de un jurista respetado en el mundo y olvidado en España? Se sintetiza en tres ideas.
Primera:
la posibilidad de "verificación" de las normas jurídicas. El
epistemólogo es uno de los pioneros en defender la posibilidad de
"verificación" de las normas jurídicas. Su punto de partida reside en
que la razón de ser del Derecho es compatibilizar la libertad con la
paz. Lograr el máximo de pacificación, con el mínimo sacrificio de
libertad individual.
En toda norma, late,
inexpresado, pero constituyendo su razón de ser, ese propósito. La
norma será verdadera en la medida en que logre tal finalidad. Y falsa
en caso contrario.
Un ex alumno de Lois
consultado por EL CORREO abunda en la idea: "El Derecho vivo es el que
rige las relaciones de cooperación pacífica de los ciudadanos al margen
de cualquier conflicto. El Derecho falla cuando se plantea el
conflicto. Por ello, el error jurídico tiene su manifestación más
significativa en la interferencia. El conflicto, el litigio, es lo
contrario a la paz".
Segunda idea: la
objetivación del Derecho, que es tanto como la ruptura de hostilidades
contra el voluntarismo jurídico, tanto desde su creación como
aplicación. "Si el Derecho quiere ser remedio de la arbitrariedad,
tiene que repudiar ésta radicalmente".
De
admitir que ley es igual a Derecho y que la ley lo puede todo,
cualquier contenido puede ser derecho y obligar. Y el capricho de un
loco (Calígula) bastaría para hacer cónsul a su caballo, o "convertir
en matrimonio la unión de dos personas del mismo sexo", en opinión del
consultado.
Pero Lois niega que la ley sea el Derecho. Y, mucho más, niega que cualquier contenido pueda ser ley.
"No
hay nada como la lógica alemana para llevar al absurdo los disparates
teoréticos. El régimen nazi demostró, por negación, que no todo mandato
de la autoridad legalmente constituida podía ser Derecho. Que la Ley no
lo podía todo. Que en el hombre existen unos derechos mínimos que la
norma, sea cualquiera su rango, debe respetar en todo caso, pues
vulnerarlos la priva de cualquier fuerza de obligar ".
Para
el profesor Lois, el verdadero progreso jurídico está en repudiar el
voluntarismo. Consiste en la objetivación e impersonalización de su
método indagativo. Para eso hay que liberarlo de la prisión
voluntarista y repeler la idea kelseniana (de Kelsen se tomó el modelo
para el Tribunal Constitucional español) de que "cualquier contenido
pueda ser Derecho". El capricho del legislador, lo insensato, lo
atrabiliario, no puede ser Derecho, por mucho que formalmente se le
bautice como ley y se publique en el BOE.
¿Cómo
erradicar el voluntarismo? "Pues asumiendo que la función de hacer
leyes, frente a todo lo que se ha venido diciendo desde Montesquieu, no
es competencia de los parlamentos. Porque los diputados no saben una
palabra de Derecho. Las leyes tienen que elaborarlas los juristas".
Catedrático extraordinario, el Rey pone fin a la arbitrariedad
El
profesor José Lois Estévez regresa a Galicia en 1972. Por méritos da
clases de Sociología en el Colegio Universitario de Vigo, en 1974,
donde estudiantes del ERGA se rebelan como en la Bounty: "Lois non dá
clase de socioloxía, senón de socioloisia".
Por
fin, la monarquía, en la persona de don Juan Carlos y en real decreto
de 30 de junio de 1980, corrige una de las más sangrantes
arbitrariedades de la Universidad española. El hijo y nieto de abogados
es nombrado catedrático numerario extraordinario de Epistemología de
las Ciencias Sociales y Jurídicas de la Facultad de Derecho de
Santiago. Completan la terna, el filósofo Julián Marías, y el muy
pronto Nobel Camilo José Cela. A la categoría de Extraordinario también
había accedido el astrónomo de Lalín Ramón María Aller Ulloa, profesor,
por cierto, de Lois.
Pero el ya titular de
Epistemología, en uso de su libertad de cátedra, no dedica precisamente
elogios a los legisladores del aborto. Sin llegar a la represalia, el
nuevo Gobierno socialista aplica la jubilación anticipada a quien por
la índole de Extraordinario está exento del régimen de jubilaciones.
Lois,
pues, vuelve a la postración ante la incredulidad de sus colegas
extranjeros. En España, entre los de su estirpe, los hay loisistas y
antiloisistas. Pero él cohabita en una burbuja de inocencia. Está al
margen. No está demostrado que su cuñado Álvaro D´Ors tache de
"tradicionalista" a Francisco Elías de Tejada, ni que éste por tal
adjetivo odie al romanista.
Un inocente entre las luchas de las familias del Régimen
Las
primeras oposiciones a las que acude el profesor llevan todas las de
perder, aunque "la hostilidad manifiesta de Elías de Tejada (presidente
del tribunal examinador y catedrático de la Filosofía del Derecho) no
es posible demostrarla".
Pero una frase literal
aclara la duda. "Gonzalo Fernández de la Mora acude al despacho de
Elías de Tejada, que recibe al primero de tal guisa: Ya sé a lo que
vienes, vienes a interesarte por Lois, pídeme lo que quieras, pero de
Lois, ni hablar. Es la única manera que tengo de vengarme de (Álvaro)
D´Ors".
Lois escarmienta en sus carnes los afanes
homicidas del Régimen, ahora exhumados por la muerte de Juan Vilá Reyes
y el caso Matesa: el acoso de los azules (Girón) a los tecnócratas
(Lopeces).
El abogado Carlos M. Terceiro Lomba
desconoce los motivos, "lo que sí sé es que Tejada era falangista y
D´Ors del Opus Dei, en cuerpo y alma". Luego, las escaramuzas de las
familias del Régimen se reproducen a escala individual. Lois es el
tercer hombre. El inocente.
La USC sigue sin resarcir a Lois diez años después del fallo del Supremo
En
1966, la Facultad de Derecho de Santiago capea como puede el plante de
sus alumnos. El mayo del 68 hierve, todavía, a fuego lento. El claustro
recurre a Lois por su predicamento entre los estudiantes. El profesor
les pide que vuelvan a las aulas y, a cambio, asegura que los
cabecillas de la rebelión no serán represaliados.
Pero
en junio, ni uno se salva del suspenso. Lois, que antes que sabio es
hombre ponderado, toma de las solapas a un compañero, de tal forma que
el claustro vuelve sobre sus pasos, y donde dije suspenso, ahora digo
aprobado. Para los turiferarios del orden establecido, Lois rompe
definitivamente amarras con éste.
Ausente en
Venezuela, los ecuatoriales (telescopio gigante) que diseña en los
talleres de Regozo de Redondela, para dotar de mayor poder visual al
Observatorio Astronómico, "son brutalmente arrancados para vender como
chatarra", pese a que tales instrumentos, propiedad de Lois, los recibe
la Universidad en depósito documentado.
Robados
unos, destrozados otros, y arrinconados los más, la juez del caso se
declara incompetente para cuantificar los daños, con lo cual la
Universidad queda absuelta.
La USC y el CSIC no
le financian o ayudan, de modo que el Supremo condena a la USC en
octubre de 1997 a indemnizar a Lois. Diez años después, la ejecución de
la sentencia sigue paralizada.
Noemí Lois
Puente, oftalmólogo en Aberdeen (Escocia), "digna heredera de su
padre", es una autoridad mundial en deformación macular, campo visual
reducido a una rendija. Jamás pondrá un pie en la Universidad española,
porque ésta ha querido mirar a su padre por una rendija.
Un algoritmo informático podrá sustituir a los jueces por máquinas
Tercera
idea de la doctrina de Lois: la computerización del Derecho. El 19 de
mayo de 1965, el profesor explica en el Instituto Jurídico Español de
Roma que "la teoría empioriocrítica del Derecho abriga la pretensión de
convertir a la ciencia jurídica en exacta".
Para
Lois, que es el adalid de estas ideas 50 años atrás, la forma de
eliminar la arbitrariedad jurídica es prescindir de la intuición y
capricho de los jueces, es decir, del voluntarismo y subjetivismo de
éstos, que comportan una inseguridad jurídica que se propone erradicar.
¿De qué forma? Computerizando el Derecho a base de crear un algoritmo
informático que permita al ordenador resolver los conflictos que se le
planteen.
A demostrar tal posibilidad dedica su
libro Nueva versión sobre el Derecho. Otro de los seguidores del
profesor traduce los pasos que hay que dar para alimentar a la
computadora: "La mayor coherencia posible en el Derecho, que no haya
una norma que diga una cosa, y otra, lo contrario. Como se sabe,
existen muchas lagunas que el Derecho no regula. Se redactan normas por
quienes tienen una preparación discutible y, en el ámbito de la
política, se dictan leyes a trompicones, por alarma social. Baste
recordar la ley de violencia doméstica, ya regulada en el Código
Penal".
Las ideas del profesor cunden entre
movimientos pujantes de juristas de países avanzados: la informática
jurídica decisoria. De la misma forma que los programas de inteligencia
artificial permiten jugar al ajedrez del campeón del mundo y ganarle,
Lois habrá sustituido a los jueces por máquinas. Pleitos baratos y
litigiosidad mínima.